1ª Jornada Congreso de Paisaje de Canarias [Psj]+

El I Congreso de Paisaje de Canarias reproduce el carácter multidisciplinar que debe tener el tratamiento del paisaje: especialistas en leyes, geología, astronomía y filosofía muestran su visión del entorno hasta este jueves

Importante que trascienda lo excepcional para abarcar lo cotidiano y lo degradado

Los instrumentos actuales están «lejos» de servir a la necesaria armonización de los intereses que confluyen en el paisaje, asegura el director del encuentro

 

La sociedad afronta un cambio de paradigma en el tratamiento del paisaje con el fin de trascender de la mera postal que se contempla a la integración del concepto de hábitat humano de supervivencia y convivencia, así como a la inercia de centrarse en lo excepcional para abarcar también los entornos cotidianos y degradados. El paisaje ha pasado a ser un todo que afecta a la salud, al estado de ánimo y al valor patrimonial; ha pasado de ser lo último a ser lo primero.

Así se puso de manifiesto este martes en la jornada inicial del I Congreso del Paisaje de Canarias, organizado por la Fundación Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (Fundación CICOP) con el apoyo del Gobierno autonómico, del Cabildo de Tenerife y de las universidades públicas canarias. El programa del congreso reproduce, se centra, en el tratamiento multidisciplinar que debe tener el propio paisaje, para lo que convoca a especialistas en geología, filosofía, derecho, astronomía, biología y arquitectura, entre otros expertos.

Dónde acaba el derecho urbanístico y dónde empieza el de la edificación; el fracaso de las fronteras en cuanto al paisaje se refiere; el gran valor de la normativa como base de trabajo y las dificultades existentes para actualizarlas: si debe ser muy detallada ‑tipo corsé‑ o muy flexible ‑con demasiado margen de actuación‑. La aplicación de todos estos aspectos es tan importante como contar con un buen texto, con la coordinación vertical y horizontal entre las administraciones públicas y con la omnipresente necesidad de mayor educación social, porque la degradación de los espacios comienza cuando no se aprecian o valoran… Estos fueron algunos de los aspectos tratados este martes en el citado I Congreso de Paisaje.

La jornada inaugural puso de relieve el antes y el después que ha supuesto el Convenio del Paisaje de Europa (Florencia, 2000), cuya entrada en vigor en España se produjo en 2008, para entonces introducir esos nuevos conceptos. El gran reto es hacerlo llegar a los instrumentos normativos actuales, que están «lejos» de servir a esa integración, subrayó el director del encuentro, Juan Manuel Parlem, doctor en Arquitectura y catedrático en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPG), así como al conjunto de la sociedad, que en su mayor parte aún maneja el concepto restrictivo e incluso excluyente. Y esto pese a que la realidad es que los intereses de todos los grupos afectados, los que inciden en el territorio, deben ser armonizados.

«Debemos buscar el común mínimo» para integrar protección, asentamientos urbanos, ganadería, agricultura, turismo o actividad económica. La cuestión, prosiguió, es hacerlo con «criterio», de modo que el gran reto sea el equilibrio político, social y económico. «Es difícil, pero en ello nos va el futuro», sintetizó el portavoz del Gobierno canario, Alfonso Cabello.

Este nuevo paradigma, que en el caso de Canarias hace que el paisaje esté vinculado a la Presidencia del Gobierno autonómico para igualmente trascender la pertenencia a un área concreta, puesto que afecta a muchas, necesita de especialistas en la materia, de modo que el vicerrector de Internacionalización y Cooperación de la ULPGC, Jin Taira, anunció la creación de un grado o un máster centrado en esa materia, el que proporcione personal para tal gran empresa.

El catedrático de Derecho de la Universidad de Vigo, Roberto Bustillo, incidió en la relación entre el nivel socioeconómico y el entorno, de modo que los de mayor nivel disfrutan paisajes que van de lo cotidiano a lo excepcional, en tanto que los inferiores se sitúan entre los cotidianos y degradados, lo que afecta tanto al estado psicológico de los habitantes como al valor de su patrimonio. Este tiene mayor o menor valor según su ubicación, por lo que hay «que dejar de centrarse solamente en lo bonito».

Una de las maneras de Francia para situar los espacios degradados en el foco de la administración pública ha sido la instauración de los premios al Paisaje más Feo, lo que ha repercutido en que los ganadores tomen medidas para no volver a obtener ese dudoso galardón, expuso la ex secretaria ejecutiva del Convenio Europeo del Paisaje Maguelonne Déjeant-Pons, quien agregó que el ser humano es obra y artífice de su entorno, lo que conforma el concepto de paisaje cultural, es decir, el entorno natural cincelado por el ser humano.

El paisaje no solo se observa: es multisensorial, se huele, se escucha, se palpa. De hecho, las personas con dificultades visuales lo disfrutan con esos otros sentidos, de modo que las políticas públicas deben ejecutar las medidas posibles y razonables para que la particular condición de una persona no sea obstáculo para acceder, informarse y disfrutar de estos lugares previstos para ser visitados.

Este es solo un factor discriminatorio, además de la capacidad económica, mencionó Roberto Bustillo, a los que añadió la lengua, la religión, aspectos que caracterizan paisajes como el de Estambul, inimaginable sin sus minaretes, o Santiago de Compostela, sin su torre del Obrador. Sin embargo, ha llevado a Suiza a prohibir por referéndum los minaretes.

Otro factor es el sexo/género, pues los estudios indican que la mayoría de los delitos e intimidaciones se producen por la noche y tienen como objeto a las mujeres, que consideran más seguras las ciudades por la iluminación. Asimismo, los principales usuarios del sistema público de transporte, calles y parques son personas de mayores y mujeres, cuestiones que hay que tener en cuenta para efectuar mejoras que beneficien a la globalidad por ley, generosidad o egoísmo, pues esto será preparar el territorio para quien vaya entrando en la vulnerabilidad que implican los años.

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